JUEVES, 19 de junio de 2025.- La última esperanza para el pingüino emperador —la especie más grande, resistente y emblemática de la Antártida— está desaparieciendo. Un nuevo estudio publicado por el British Antarctic Survey (BAS) y difundido en Nature Communications: Earth & Environment revela una caída del 22% en su población en apenas 15 años, en un sector clave del continente blanco que incluye la Península Antártica, el Mar de Weddell y el Mar de Bellingshausen.

Este descenso, que equivale a una pérdida promedio del 1.6% anual entre 2009 y 2024, supera incluso los peores pronósticos que proyectaban un declive más paulatino a lo largo del siglo. Y aunque los investigadores advierten que este análisis se limita a una región específica (que, no obstante, representa el 30% de la población global de la especie), de ser representativo del resto del continente, estaríamos ante un escenario catastrófico.

Una tragedia helada
Los pingüinos emperador no emigran como otras especies. Se quedan durante el cruel invierno antártico para reproducirse sobre el “hielo firme”, una capa de hielo marino adherida a la costa que debe mantenerse estable al menos nueve meses para permitir el ciclo completo de crianza. Pero ese hielo ya no es confiable.

El calentamiento global ha provocado que este hielo se derrita antes de tiempo, dejando a las crías expuestas al agua gélida sin haber desarrollado aún su plumaje impermeable. Sin esa protección, la mayoría de los polluelos simplemente muere. Algunas colonias han sido prácticamente borradas del mapa tras estos colapsos prematuros del hielo.

Contando pingüinos desde el espacio
Dado lo remoto y hostil del territorio, los científicos del BAS han utilizado imágenes satelitales de alta resolución para rastrear las colonias y estimar la población. Aunque no es un método perfecto, sigue siendo la única vía viable para obtener datos consistentes sobre estos animales que viven donde casi ningún humano puede llegar.

El nuevo censo, basado en 16 colonias al sur de América del Sur, refleja una caída alarmante. Según el doctor Peter Fretwell, experto en monitoreo de fauna desde el espacio, “el declive es incluso peor que nuestras estimaciones más pesimistas”. Y agrega: “Si lo que vemos en esta región se replica en el resto del continente, el futuro del pingüino emperador es verdaderamente sombrío”.

El hielo que se va, los peligros que llegan
La pérdida de hielo no solo afecta el hábitat reproductivo. También abre la puerta a más tormentas, más lluvias en épocas inusuales, y más depredadores como orcas y focas que llegan a zonas antes inaccesibles. A eso se suma la competencia por alimento, ya que otras especies comienzan a invadir el territorio de los emperadores debido al cambio de sus propios ecosistemas.

Y mientras el hielo se retira, las distancias entre las colonias y las zonas de caza se vuelven insostenibles. Las madres emperador, que pasan meses en el mar alimentándose de kril, peces y calamares, tardan más en volver a sus crías. El riesgo de que los polluelos mueran de hambre aumenta.

Una cuenta regresiva hacia la extinción
En 2021, Estados Unidos declaró al pingüino emperador como especie en peligro de extinción debido al riesgo creciente de desaparición hacia finales de siglo. Australia aún no lo ha hecho, pero la evidencia científica sigue acumulándose.

La estimación global más reciente —hasta 2018— ya mostraba una baja del 9.5%. Pero este nuevo informe, que extiende el análisis hasta 2024 y se enfoca en un área de más de 2.8 millones de km² (equivalente a 11 veces el tamaño del Reino Unido), revela que estamos ante una disminución acelerada que no muestra señales de revertirse.

¿La última generación?
Los pingüinos emperador han sobrevivido durante más de un millón de años a condiciones extremas. Son especialistas en el frío, pero no están diseñados para enfrentar un mundo que se calienta a este ritmo.

Si no se logra una reducción drástica y urgente de las emisiones de gases de efecto invernadero, los científicos advierten que podríamos estar presenciando las últimas generaciones de esta especie. Las futuras crías seguirán cayendo al mar antes de tiempo. Y con cada colapso del hielo, un símbolo del equilibrio antártico se desintegra un poco más.

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