LUNES, 24 de agosto 2026.- Lo que nació como un círculo de madres que se reunían para rezar por sus hijos terminó convirtiéndose en una obra de acompañamiento que hoy brinda asistencia gratuita a jóvenes y familias que atraviesan situaciones vinculadas con las adicciones.

En Río Grande, la misión de las hermanas Discípulas de Jesús encontró una realidad compleja. La ciudad, marcada por la llegada constante de personas provenientes de distintos puntos del país en busca de oportunidades laborales, también enfrenta situaciones de soledad, depresión y consumo problemático.

Fue en ese contexto que comenzó a tomar forma Santa Mónica, un espacio que con el tiempo se transformó en un verdadero lugar de contención y esperanza para numerosas familias.

Los comienzos de una misión

En 2012, las hermanas Virginia Michel y Rocío Parmigiani llegaron a Tierra del Fuego invitadas por el padre Felicísimo Vicente, fundador del Centro Pastoral Jesús de la Divina Misericordia.

El objetivo era generar un espacio destinado a acompañar a personas que atravesaban distintas situaciones de vulnerabilidad, especialmente aquellas relacionadas con la soledad y las adicciones.

“Comprendimos que nuestro carisma debía adaptarse a una necesidad urgente: sanar esas heridas”, recuerda la M. Vicky.

En los primeros tiempos, el trabajo estuvo centrado principalmente en un grupo de madres que se reunían para rezar por sus hijos. Sin embargo, rápidamente comprendieron que la realidad exigía algo más: además del acompañamiento espiritual, eran necesarias herramientas concretas para abordar las distintas problemáticas.

El acompañamiento se transformó en una obra integral

Con el paso del tiempo comenzaron a sumarse voluntarios y profesionales dispuestos a colaborar. El espacio dejó de ser únicamente un lugar de encuentro para las madres y comenzó a ofrecer acompañamiento también a los jóvenes y a sus familias.

Así se fue construyendo una propuesta integral y gratuita, que combina el acompañamiento espiritual con el trabajo terapéutico y profesional.

El camino tampoco estuvo exento de dificultades. Las hermanas debieron capacitarse, estudiar y buscar nuevas herramientas para comprender la problemática que atravesaban los jóvenes.

“Aprendimos a unir el trabajo técnico con nuestra espiritualidad bíblica, eucarística y mariana. Eso marcó la diferencia”, explica la M. Vicky.

¿Por qué Santa Mónica?

El nombre de la fundación tampoco fue elegido al azar.

En un primer momento habían pensado en llamarla “El Buen Samaritano”, como referencia a la figura de quien se detiene frente al dolor y acompaña al herido. Sin embargo, al recordar los orígenes del proyecto y el papel fundamental que tenían aquellas madres que rezaban por sus hijos, encontraron en Santa Mónica la figura que mejor representaba la misión.

Santa Mónica fue la madre de San Agustín y pasó años rezando y perseverando por la conversión de su hijo.

Su historia se convirtió así en un símbolo para las madres que atraviesan el dolor de ver a sus hijos enfrentando una adicción y que, muchas veces, no saben cómo ayudarlos.

La historia de Maricel: una vida marcada por las heridas y la recuperación

Entre las historias que atravesaron el camino de Santa Mónica se encuentra la de Maricel, cuyo testimonio se convirtió en uno de los recuerdos más significativos para quienes acompañaron su proceso.

Maricel fue abandonada al nacer y pasó parte de su infancia en hogares de asistencia. La falta de contención afectiva marcó profundamente su vida y, con el tiempo, encontró en el consumo de drogas una forma de refugio frente a ese dolor.

Intentó realizar distintos tratamientos, pero atravesó varias dificultades. Uno de los momentos más duros llegó cuando el Estado le quitó la custodia de sus hijos.

Para recuperarlos debía completar un tratamiento y demostrar su recuperación, algo que en ese momento veía como una meta prácticamente imposible.

Cuando llegó a Santa Mónica, Maricel atravesaba una situación límite. Había tomado la decisión de quitarse la vida.

Sin embargo, un pequeño detalle terminó generando un vínculo inesperado. Al escuchar hablar a la M. Vicky, se sintió atraída por su acento mexicano. Aquella particularidad logró romper, aunque fuera por un instante, la barrera que había levantado y permitió comenzar un proceso de acompañamiento.

El camino no fue sencillo. Hubo recaídas, momentos de cansancio y noches de preocupación. Pero el acompañamiento permanente, sumado al trabajo de profesionales, permitió que Maricel pudiera continuar avanzando.

La M. Vicky recuerda particularmente un momento vivido en la capilla, mientras rezaba por ella. Allí sintió que Dios le confiaba personalmente el cuidado de Maricel. Esa experiencia, según relata, renovó su paciencia y fortaleció su compromiso con el proceso.

Tiempo después, Maricel aceptó ingresar a un centro especializado. Esta vez logró completar el tratamiento y demostrar su recuperación.

Finalmente, después de atravesar todo ese proceso, pudo recuperar la custodia de sus hijos.

“Ya no estás solo”

La historia de Maricel es apenas una de las experiencias que forman parte del camino recorrido por Santa Mónica en Tierra del Fuego.

Actualmente, la misión de las Discípulas de Jesús continúa funcionando con el acompañamiento de profesionales y voluntarios que ponen sus conocimientos al servicio de quienes necesitan ayuda.

El objetivo sigue siendo brindar un espacio donde las personas puedan sentirse escuchadas y acompañadas, especialmente frente a situaciones de soledad, consumo problemático y dificultades familiares.

“Cada joven puede vivir una experiencia de acompañamiento frente a la soledad que impone la sociedad. Desde que cruzas esa puerta y te sientas aquí, ya no estás solo”, resume la M. Vicky.

En una ciudad atravesada por las distancias, el clima y las historias de quienes llegaron a la isla buscando una nueva oportunidad, Santa Mónica se convirtió en un lugar donde muchas familias encontraron algo que parecía perdido: la posibilidad de volver a empezar.

Para información o asesoramiento a las personas interesadas en la labor de esta agrupación pueden acercarse a O´Higgins 755 de 10:00 a 12:00 , y de 15:30 a 19:00 de lunes a viernes.

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