MIÉRCOLES, 3 de marzo 2026.- En el marco de la 52° edición de la Fiesta del Ovejero, celebrada en Río Grande, el competidor chileno Eduardo Jaramillo se convirtió en el único ganador de la jornada, marcando su primera participación en este tradicional evento patagónico.

El adiestrador, oriundo de la novena región de Chile, entre Freire y Villarrica, valoró la experiencia como “sumamente positiva” y destacó especialmente la tradición que rodea a la actividad en Tierra del Fuego. “Resalto mucho el tema de la tradición que tienen acá en la zona, me gusta harto eso”, expresó.

Eduardo venía de competir el día sábado 28 de febrero en Cerro Sombrero, donde obtuvo el segundo lugar, lo que convirtió al fin de semana en una experiencia más que satisfactoria para él y sus perros. Si bien señaló que el circuito fue distinto a lo que está acostumbrado a competir —ya que habitualmente participa con una sola perra en pruebas de formato tipo mundial— en Río Grande debió adaptarse a una modalidad con dos perros y un recorrido diferente. “Nos adaptamos y mis perros anduvieron bien, así que súper bien”, resumió.

Sus compañeras de competencia fueron Switt y Anouk, de ocho y siete años respectivamente, a quienes definió como piezas clave en el logro obtenido.

Switt y Anouk



Consultado sobre las dificultades que señalaron otros competidores respecto al ingreso de las ovejas al corral, Eduardo explicó que se trata de una reacción natural del animal. “Una oveja nunca va a entrar tan fluida a un espacio cerrado que está viendo por primera vez. El fondo del corral es poco, entonces tiende a empacarse. Encerrar las ovejas es una parte difícil en cualquier competencia”, sostuvo. En ese sentido, subrayó la importancia del trabajo en conjunto con el perro para resolver esas situaciones durante la prueba.

El competidor explicó que el adiestramiento de un perro de trabajo requiere, en primer lugar, un buen instinto natural.
“Cuando un perro tiene buen instinto, es relativamente corto el tiempo para enseñarle los ejercicios básicos. Lo más difícil es afinarlo, que se ponga baqueano en el trabajo y que sepa resolver situaciones. Para tener un perro realmente afinado se necesitan al menos tres años de entrenamiento”, detalló.


También se refirió a las mordidas que se observaron en algunos casos durante la competencia, aclarando que se trata de un recurso natural del perro para mover el ganado, aunque en las pruebas reglamentadas se considera una falta.
“La idea es adaptarse al reglamento y trabajar dentro de lo que permite la competencia”, concluyó.


La Fiesta del Ovejero volvió a reunir tradición, destreza y trabajo rural en una jornada donde el espíritu patagónico cruzó fronteras y dejó en claro que la pasión.

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